Dichos de mi Mama
Aquí está el habla de la casa: las palabras con que en mi casa se nombraban las cosas.
Mi Mama no ocupaba discurso. Con una palabra acomodaba la casa, medía al visitante y dejaba al necio viendo pa’l techo.
Ahí quedaron metidas, medio de lado, cosas que la gente vieja no siempre supo decir de frente: vergüenza, calentura, culpa, consuelo, orgullo y miedo. Un dicho bien puesto sirve para hablar de lo torcido sin señalar a nadie con el dedo, que era como se hacía antes: a puro rodeo, a pura frase bien puesta.
Uno entra por la risa, sí. Pero se queda cuando cae en la cuenta de que la frase venía hablando de uno.
