Dichos del alma
Esta entrada lleva al habla heredada: al tono con que la casa nombraba el mundo.
Guáncher no entra a estas historias buscando moraleja lista. Entra porque ahí la gente vieja dejó metidas, medio de lado, cosas que no siempre supo decir de frente: vergüenza, calentura, culpa, consuelo, orgullo y miedo.
Por eso le sirven para cantar. Una leyenda no solo trae aparición o monstruo: también presta lengua para hablar de lo torcido sin tener que señalar a nadie con el dedo, como se hacía antes: a puro rodeo, a pura frase bien puesta.
Uno entra por el susto, sí, pero se queda por la parte humana: eso que sigue respirando debajo del cuento.
